El mundo está lleno de enfermedades y peligros a la salud, desde una gripa común en temporada de invierno, hasta una condición genética que es disparada por un evento desafortunado. Aunque la ciencia médica continúa investigando y la industria farmacéutica sigue produciendo e innovando medicamentos, hay aún muchos retos con respecto a la salud.

Socialmente, sin embargo, hay un riesgo que a menudo no tomamos tan en serio, que es la automedicación.

La automedicación son las acciones que tomamos al enfermarnos, en las que consumimos productos farmacéuticos o terapéuticos (medicamentos o remedios de antaño) con el propósito de sentirnos mejor. Ciertamente, un caldo de pollo con limón y salsa picante puede ayudar a la gripa común estacional; pero hay una gigantesca diferencia entre las reacciones adversas que puede provocar una comida, a los que pueden provocar los medicamentos.

La desventaja primordial de la automedicación va más allá de las reacciones adversas y efectos secundarios de un medicamento. En el caso de los antibióticos, el problema radica en que las bacterias pueden desarrollar una resistencia a los medicamentos y evolucionar a condiciones que arriesguen más la vida propia e incluso la de otras personas.

La automedicación representa una crisis importante en el mundo de la salud. Al consultar un profesional de la salud, se reduce el riesgo de consumir medicamentos que causen efectos no deseados o farmacorresistencia.

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